“Vivo fuera de mi país y trabajo turnos rotativos. Por eso, cuando vi que podía hacerlo a mi ritmo, me animé.
Lo hice en momentos sueltos, en mi tiempo libre, y aún así sentí cambios reales. Me ayudó a entender que no necesito controlar todo, solo liderarme mejor. A veces lloraba viendo las clases, pero también me reía y me sentía vista.
Me sentí tan bien con lo que comencé a vivir en casa, que decidí dar el siguiente paso: unirme al programa con comunidad en vivo. Quería confirmar que no estaba sola, compartir mi proceso y rodearme de mujeres que, como yo, han decidido volver a liderar su vida.”